La actual división provincial que organiza territorialmente el Estado español, tiene su precedente más inmediato en los planes de modernización del destacado afrancesado español, Javier de Burgos. Este "tecnócrata" del siglo XIX figura clave en la transición de la España fernandina a la España isabelina (más o menos liberal, o cuanto menos mucho más que durante el reinado de su antecesor), tuvo una contribución destacadísima en las tareas de modernización y actualización administrativa, que saciaban las ansias de articular de manera mucho máseficaz el territorio nacional.En plena primer guerra contra los carlistas, primera gran guerra civil de la historia contemporánea de España, las huestes de la reina Isabel necesitaban como agua de mayo, ampliar el apoyo social de la monarquía que representaba, para hacer frente a los cuantiosos gastos de la guerra y poder volcar la balanza a su favor. En este contexto, se presentó el ya mencionado plan de reforma administrativa (durante el gobierno de Cea Bermúdez, en el año 1833, y siendo el propio De Burgos Secretario de Estado de fomento), que planteaba no solo la nueva división provincial, sino una auténtica renovación de las estructuras administrativas del Estado, de tal enjundia, que en el ámbito de la justicia, por ejemplo, quedó organizada a partir de entonces en Audiencias territoriales y partidos, manteniéndose hasta hoy con plena vigencia.
En cuanto a su reforma provincial, lo más destacado es la recuperación oficial que se recoge de los nombres de las provincias de Vascongadas y Navarra. Para muchos autores, en la base de este nuevo plan territorial, se esconde una clara influencia de la reforma de 1822. Ambos comparten semejantes criterios de población, extensión y geografía. Pero el verdadero motivo del triunfo de la nueva administració, fue su rápida prestación de servicios e instituciones oficiales de que se dotaría a las capitales de provincias. A partir de ese momento, muy leves serán las modificaciones que hasta nuestros días se han realizado sobre el plan de Javier de Burgos. A caso, la más importante, por casi única, fue la que en 1927 dividiría Canarias en dos provincias: Gran Canaria y Tenerife.
El intento honrado de crear un Estado Moderno y acorde con los nuevos tiempos, que estructuraba con cierto raciocinio por vez primera un territorio que llegaba a su configuración casi actual, con la progresiva pérdida de nuestro imperio colonial, chocaría años más tarde con el despertar de unos sentimientos nacionalistas y autonomistas cerriles, que espoleados por una "banda" de políticos irresponsables y demagogos, desde la I República hasta nuestros días, y que se constituyen desde entonces en el más claro peligro frente al devenir histórico de la nación.
Quede pues para el juicio histórico, la aportación de un hombre, Javier de Burgos, que tras avatares personales varios por culpa de sus ideas políticas, supo regresar a España y trabajar sin rencor y con lealtad, ganándose para sí mismo, no solo el título de fundador de la adminstración pública actual, sino el honor de ser considerados por muchos ejemplo de auténtico patriotismo.
La historia de nuestra Catedral, centro neurálgico de la ciudad y orgullo de toda la Región, ha venido jalonada por un sinfín de vicisitudes que tienen su punto de partida en el desarrollo de la Reconquista.

